Hace dos, tres años atrás, el mundo de la web 2.0 se veía
sacudido por una intensa guerra de servidores almacenadores de data
multiaccesibles de donde los usuarios comparten contenido, mejor conocidos como
redes sociales.
Para aquel entonces, la paleta de opciones estaba
desplegada, y cada red se enfocaba en ganar terreno al mismo tiempo que
conservar su número de usuarios, y aunque en la vida real es difícil determinar a
un ganador en las guerras, en este caso fue muy fácil, porque solo
sobrevivieron 2 contendientes, Twitter y FaceBook. Pero todos recordamos el caso MySpace. De todos los grandes
servidores, su muerte fue la más sorpresiva, porque en su momento fue la más
importante de Estados Unidos. Ahora con las fuertes acusaciones sobre filtración
de datos privados, uno se pregunta si podría pasar lo mismo con FB o con cualquier
otra.
Según
Karsten Gerloff, presidente de la Fundación de Software Libre de Europa (FSFE), FaceBook define quienes somos, Amazon lo que queremos, y
Google lo que pensamos. El principio de segmentación no puede ser más perfecto,
porque a través de algoritmos en estos momentos es posible disminuir el segmento
a la unidad. Saber quienes somos, lo que queremos y lo que pensamos puede ser
tentador para cualquier gran empresa del mundo, pero aun más interesante para
alguien más: el estado.

Entoncés uno se pregunta, ¿para qué quiere el gobierno "x" los
datos privados de sus ciudadanos en internet? Sencillo. Las redes sociales se
han convertido en el centro de la vida democrática. Son un arma que pueden llevar
los gobiernos al fracaso. Ejemplos hay muchos, pero el más sencillo y el que
todo recordamos es el caso de Egipto y el golpe de estado a Hosni Mubarak.
Muchas personas tratan de evitar que se les espíe a través de
redes sociales omitiendo su nombre real. Es un error. Cada uno de nosotros
tiene el derecho y por ley (al menos en FaceBook) la obligación de colocar su nombre
real. Los gobiernos no quieren nuestros datos para espiarnos personalmente, lo
que quieren es poder controlar y manejar los grupos sociales que se crean a través de las redes sociales, y mientras lo hacen, destruyen la confianza que tenemos
en las únicas cosas que nos conocen mejor que nuestra propia madre: las
compañías de Internet.
Pensemos tranquilamente: Si una persona hiciera algo malo
con un nombre falso, la IP quedaría registrada. Cambiar de IP es fácil pero tú computadora
tiene un identificador único reconocible en toda la web. Además de identificadores
únicos de tu compañía de servicio. El identificador único de licencia de
sistema operativo. El identificador único de router. Eso hace recuerda una cosa, la ley número del Hacking: “nunca
podrás evitar que un hacker haga lo que se le antoje, pero siempre podrás
rastrear lo”. Así que no importa que tan buenos hacker seamos, siempre,
siempre, podrán encontranos. Tal como al grupo de Anonimus que mandó abajo el sistema de credito en línea de Estados Unidos. O como el gobierno chino, que vive más entretenido en los servidores secretos de Estados Unidos que en otra cosa. Por lo tanto, lo que está en riesgo
no es nuestra privacidad personal. Es el poder que hemos conseguido a través de Internet.
No obstante aunque me gustaría defender a las compañías de
Internet, algo tienen de culpabilidad. Yahoo vendió información de sus clientes
al gobierno chino. También existe un mito urbano que asegura que el Google
tiene una puerta trasera para el gobierno estadounidense.
¿Esto significa que se perdió la guerra y los gobiernos han
comprado a las grandes compañías de Internet? No del todo. Si algo nos
demuestra el caso del niño espía, Edward Snowden, es que Estados Unidos no tiene toda la
información que quiere ni cuando la quiere. Por eso construye una máquina capaz
de espiar a toda la población cibernética. Esto no significa garantía de
seguridad. Sino que al menos las grandes compañías ponen las suficientes trabas
como para que los gobiernos busquen nuevas formas de espiarnos.
Las herramientas que tienen nuestros gobiernos más
democráticos son muy diferentes a las impuestas por los gobiernos de países
menos avanzados. Lo que estamos viviendo es una nueva forma de represión contra
el ciudadano común.
Lo cierto es que aunque las grandes compañías puedan negar
información a los gobiernos, estos tienen las herramientas para robar la
información. Además nada nos garantiza de que no cedan esas compañías información al mejor postor. Desde el principio se nos vendió el internet como un espacio libre
y en el anonimato, cuando en realidad nunca lo fue.